julio, 2017

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La utilidad de la frustración en los padres

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Cuando trato con padres sobre la educación con los hijos, nos encontramos normalmente en un punto de partida, no tanto el de los hijos, sino el de los propios padres, sobre todo padres responsables y con alto grado de responsabilidad: “me siento frustrado”.

Me siento frustrado

La frustración es una emoción natural y muy útil, nos da información de todo lo invertido: esfuerzo, energía, ilusión, tiempo, mucho tiempo…, en un objetivo que en ese momento está muy lejos. Esto nos lleva a sentir tristeza, enfado incluso rabia.

Gracias a este sentimiento, podemos lograr ser más efectivos, podemos tomar decisiones de cómo tratar todo lo invertido de otra manera, adoptar cambios o estrategias que nos lleven a conseguir o acercarnos más al objetivo. La frustración bien digerida es una brújula que nos permite acercarnos a nuestros objetivos.

La frustración bien digerida es una brújula que nos permite acercarnos a nuestros objetivos

Pero la gestión equivocada de la frustración implica sentir una intensidad de la emoción exagerada con la situación, sintiéndonos sobrepasados llenos de ira,  y con ello, no medir las consecuencias de nuestros actos, comportándonos de una manera irascible, desproporcionada y teniendo más tarde sensaciones de culpa y remordimiento una vez que la emoción de la frustración se disipa o baja de intensidad.

Todavía existe una consecuencia peor para los padres, los padres somos modelos de conducta para nuestros hijos, ejemplo de valores y de cómo nos comportamos en la vida.

Al final se da una paradoja, nuestro objetivo es la educación de los hijos, y al no gestionarla bien la frustración estamos enseñando a nuestros hijos justo lo que no queremos que aprendan.

Aprender a gestionar la frustración permite comportarnos con educación, tener unas relaciones sanas y ser modelo de conducta, y esto nos acerca a nuestro objetivo de educar a nuestros hijos.

La mejor herramienta para alcanzar el propósito de gestionar la frustración pasa por la Inteligencia Emocional.

Aprender a gestionar la frustración permite comportarnos con educación, tener unas relaciones sanas y ser modelo de conducta, y esto nos acerca a nuestro objetivo de educar a nuestros hijos

En conclusión, uno de los primeros pasos para educar a nuestros hijos no es tanto, lo que le queremos enseñarles literalmente como comer bien, estudiar, responsabilidad, etc.., si no la manera de hacerlo y sobre todo nuestras reacciones cuando no lo vemos cumplido. Porque no nos engañemos, la vida está llena de situaciones que no nos van a gustar, y la mayor de las herramientas que les podemos ofrecer a nuestros hijos es como abordarlas de una manera sana e equilibrada.

 

Manuel Alejandro

Coach Familiar.

 

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