“Ya lo decía mi madre…, Ya lo decía mi padre…”

Hay varios conceptos universales en esto de la educación, aunque a veces no nos demos cuenta. Estos conceptos universales son premisas inexorables de las cuales, normalmente, nos percatamos cuando ya es tarde. Normalmente, pero afortunadamente, no siempre. Dos de estas verdades universales a las que nos referimos son:

  1. Cuanto más mayores somos, más nos parecemos a nuestros padres y madres.
  2. Una vez nos hemos convertido en padres o madres comprendemos la magnitud de lo que nuestros padres y madres hicieron por nosotros.

Si en tu cabeza ahora mismo estás recordando esa frase que le dices a tus hijos y tanto odiabas que te dijeran a ti, o si te miras en el espejo y ves rasgos de tu padre o madre en el reflejo, es muy probable que estas verdades universales ya cobren sentido para ti. Por otro lado, si ya tus hijos empiezan a tener una edad y entran en esa etapa previa a la adolescencia o mismamente si los tienes en pleno apogeo, muy seguramente también empiezas a comprender el arduo esfuerzo que hicieron tus padres contigo (y muchas veces sin ni siquiera quejarse).

Una vez hemos echado la vista atrás y nos hemos dado cuenta del esfuerzo atroz que hicieron nuestros progenitores, nos podemos encontrar en dos situaciones:

  • La primera: Unos padres, nosotros, que son capaces de encontrar carencias emocionales en su educación, así como frustraciones o momentos en los que no los comprendieron.
  • La segunda: Unos padres que no son capaces de ello y tienen un muro neuronal-emocional donde ni recuerdan ni padecen lo ocurrido en su infancia.

Nos encontremos en la situación en la que nos encontremos, definitivamente esta influirá en nuestra manera de educar a nuestros hijos en la actualidad.

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Las dos caras de la moneda


Nuestra reacción como padres al ser conscientes de algo que nos faltó o hirió en nuestra niñez o adolescencia es intentar remediarlo con nuestros hijos, ahora ya en nuestros propios hogares. Tratamos de evitarles a nuestros hijos ciertas circunstancias negativas de las que fuimos protagonistas y, de manera paradójica, pasamos por alto las cosas buenas que nos dejaron nuestros padres de manera indirecta en esas mismas circunstancias. Pero, ¿hacemos esto adrede? No, simplemente hemos aceptado y catalogado todas estas cosas buenas como lo normal y cotidiano, y al final se nos han perdido y casi olvidado en la banalidad de lo común. Ahondemos más en esto.

Nuestros padres nos han inculcado el sentido de la palabra esfuerzo, nos han enseñado a no tirar la toalla, a hacer todo por sus hijos.

Imagínate a aquel niño que eras y recuerda cómo aceptaba con disgusto las prendas usadas que heredaba de sus hermanos o incluso de familiares o allegados. Seguramente aquel niño tenga hoy grabada esa desazón en su memoria e intentará hacer todo lo posible para que a sus hijos no les falte ninguna prenda y para que no se sientan el patito feo del colegio. Les comprará pues, sin escatimar, lo que vea necesario para evitarlo. ¿Con qué nos hemos quedado entonces? Pues nos hemos quedado sólo con el recuerdo negativo de aquella circunstancia, con el disgusto por reutilizar prendas heredadas una y otra vez, ¡pero no nos damos cuenta de lo bueno! No vemos cómo, de forma inconsciente, nuestros padres nos han inculcado el sentido de la palabra esfuerzo, nos han enseñado a no tirar la toalla, a hacer todo por sus hijos y, sobre todo, a valorar y cuidar las cosas. De primeras solo nos quedamos con la cruz de la moneda y no con su todo, que es donde reside verdaderamente su valor.

Ahora, al intentar que nuestros hijos no pasen por la circunstancia negativa por la que nosotros pasamos y siguiendo con el ejemplo anterior, los surtimos ampliamente de prendas (y seguramente también nos surtamos nosotros mismos). Detengámonos un momento de nuevo. ¿Te habías dado cuenta de que estas generaciones son las generaciones que menos valoran los cumpleaños, Reyes Magos o fiestas? Estas generaciones solo quieren regalos, y regalos por regalos, sin ningún significado en sí mismos más allá del tener por tener, o mejor dicho el abrir por abrir. Y de esta falta de consideración o estima, ¿cuánto tiene que ver con ellos y cuánto con nosotros?

A estas alturas ya debemos ser conscientes de las monedas que nos han dejado. Su cruz probablemente ya la reconozcamos, pero quizá aún no somos conscientes de su cara y de su valor total. Y no me lo niegues; la mayoría de nosotros tenemos una vida ordenada y con un cierto sentido común. Otra cosa ya son las circunstancias de cada uno y, por ejemplo, la suerte con las que las vaya llevando, pero nos han dejado un buen legado, unas buenas monedas.

«¿No será mejor aceptar nuestras monedas, y desde ahí mejorar?»

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No siempre es borrón y cuenta nueva


La tónica actual de la sociedad parece sugerirnos que para mejorar hay que destruir lo anterior y empezar de nuevo. No queremos pues saber nada de lo de antes, queremos que, sea lo que sea, sea nuestro y solo nuestro mérito. Deteniéndonos de nuevo aquí, ¿cuánto hay de esto en nosotros mismos y cuánto en lo que tanto nos quejamos, en nuestros hijos?

¿No será mejor, aceptar nuestras monedas, aceptar lo que tenemos y desde ahí mejorar? Podemos y debemos modificar y/o ampliar habilidades, hábitos y visiones para, poco a poco, ir creciendo generación tras generación.

Aunque como padres estemos perdidos y no sepamos qué hacer, ya hemos dado el primer paso hacia la meta que queremos alcanzar.

Dejadme también decir que, aunque como padres estemos perdidos y no sepamos qué hacer, ya hemos dado el primer paso hacia la meta que queremos alcanzar: Ahora mismo estamos leyendo esto, es decir, estamos interesándonos por nuestros hijos, lo cual es señal inequívoca de que tenemos una buena base. Así pues, con no proyectar en nuestros hijos nuestras carencias de la infancia y nuestros anhelos, ya mejoraremos la situación actual.

No regalemos por regalar y luego nos quejemos de que no valoran nada. No les evitemos pasar frío y así les privemos del disfrute de conseguir calor. No digamos si por evitar un berrinche o problema, porque por este camino el problema llegará más adelante como un tsunami devastador. Digámosles no cuando la circunstancia lo exija y no gratuitamente, y permitámosles que se familiaricen con la cruz de la frustración, así como con las de tantas otras monedas.

Ya para acabar te voy a comentar otra verdad universal que puede parecer una mala “noticia”: Siempre, hagamos lo que hagamos, va a haber una cruz en cada moneda. Si no, no sería una moneda, y tampoco tendría valor.

En recuerdo a nuestros padres y por sus esfuerzos: Estamos a tiempo de reconducir estas generaciones, nunca es tarde.

¿Es demasiado tarde para nuestro hijo/a?

La vida de padre o de madre no es nada fácil, y cualquiera de los que lo somos lo podemos corroborar. Somos, entre otras cosas, muy sufridos: Cuando tenemos problemas con nuestros hijos siempre vamos aguantando. La cuestión -o cuestiones- son ¿Hasta dónde?, y lo más importante, ¿Hasta cuándo?

Este camino escabroso, sinuoso y confuso, aunque a veces parezca un cúmulo de acontecimientos desafortunados e inconexos, consta en verdad de una serie de etapas que es muy recomendable conocer y saber identificar. Veamos pues las fases de este periplo:

  1. La no aceptación de lo que está sucediendo: Todos hemos escuchado aquello de que “Lo primero para solucionar un problema es aceptarlo.”. La primera fase es precisamente esa, la de no querer ver lo que está sucediendo.
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  2. Reacción: Según la forma de ser del progenitor, puede ser hacia adentro o hacia afuera.
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    1. Implosión: Esto es, nos echamos la culpa de forma interna, en nuestro dialogo interior. Nos maltratamos, nos gritamos o nos vejamos a nosotros mismos. Otra forma de implosión es la de del desistimiento e inacción. El progenitor tira la toalla al verse desbordado por los acontecimientos, con las enormes consecuencias emocionales que ello conlleva. “Esto es imposible, no soy un buen padre o madre, siempre lo hago mal”. “Lo veía venir y no he hecho nada, desde hace mucho se lo llevo diciendo a mi mujer o mi marido”, “No tengo tiempo para solucionarlo”, “No puedo con ello”, “Ya se solucionará”, …
    2. Explosión: Es decir, proyectamos nuestro disgusto hacia el exterior. Buscamos culpables, gritamos, chantajeamos emocionalmente, ordenamos, castigamos o pegamos. “Ya te lo dije, ¿ahora qué?, no vas a salir mañana, te quedas sin…,” “¡Eres xxxxx!, Si no haces esto te doy… ¡Mira lo que le haces a tu madre o padre!”, Si ya lo decía yo”, “¡Contigo es imposible!”, “¿Te parece bonito?”, …
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  1. Pasa factura a la pareja: De repente, la vida familiar gira en torno al problema. No existe otra cosa: Los acontecimientos malos acrecientan el mal ambiente y los hechos buenos se ven anulados por la preocupación. Las discusiones se vuelven más que frecuentes. Continuamente echamos en cara lo que hace nuestra pareja y llegamos incluso a perder las formas. Se suceden los gritos, desplantes y faltas de respeto, haciendo que el ambiente familiar se deteriore sensiblemente.
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  1. La relación con el hijo/a empeora: Dependiendo de la edad y la fase concreta en la que se encuentre nuestro hijo/a, el deterioro puede ser mayor o menor, siendo en la adolescencia cuando el problema se acentúa. No hay comunicación o si la hay es prácticamente nula, exceptuando cuando el chico/a pide algo, cosa que agrava aún más nuestros pensamientos negativos: “Para eso sí habla…, ¡Qué egoísta!, ya sabía yo que quería algo, Es un xxxxx, …”. Los momentos de cumplir las normas se convierten en auténticas luchas de poder. La relación y los lazos afectivos están contra las cuerdas.
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  1. La familia se resiente: Llegados a esta etapa, tanto la situación actual como el desgaste sufrido en las anteriores pasa factura. Ninguno de los componentes del núcleo familiar encuentra en su casa y en su familia un lugar de confort junto a sus seres queridos, lo que empeora doblemente la situación.
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  2. Guerra de poder constante: El hogar se convierte en un campo de batalla por momentos. Cualquier contacto entre los miembros de la familia se vuelve tenso y la comunicación como tal es prácticamente inexistente o incluso tóxica.

 

La situación en el hogar se vuelve insoportable, afectando a la vida personal de sus miembros tanto dentro como fuera del núcleo familiar.

La sexta fase es insostenible y normalmente repercute en la vida personal de cada uno de los miembros del hogar, tanto dentro como fuera de él.

 

Fase a fase, nosotros


Y a todo esto, mientras han ido pasando las etapas, ¿qué ha ido pasando por nuestra mente? Por nuestra mente han pasado muchas cuestiones y pocas respuestas: Un valiente “¿Pedimos ayuda?” que enseguida se desecha por el qué dirán “¡Qué vergüenza!” Incluso si nos decidimos a atajar la situación y pedimos ayuda, tampoco tenemos nada claro¿Y a quién se la pedimos?”.

En la primera fase es normal no pedir ayuda o consejo, sino estaríamos todo el día buscando ayuda cuando no nos gusta algo de lo que vemos, escuchamos o sentimos. No consideramos lo que está pasando como un verdadero problema, así que ni nos planteamos pedirle ayuda a terceras personas.

En la segunda fase entran en escena nuestra personalidad y nuestras vivencias personales. Lo que pasa en este momento tiene que ver con nosotros y con nuestra educación: lo que hemos vivido cuando éramos hijos, nuestra manera de concebir la paternidad y nuestras convicciones y creencias personales.

Dependiendo de la gravedad del problema ya hay días en los que lo vemos todo negro y el pesimismo inunda nuestra mente. Por las noches, cuando acaba el día, no paramos de reflexionar y nos cuesta dormir. Aquí empieza a ser decisiva la tolerancia que tenemos al sufrimiento y cómo entendemos la paternidad. Pese a todo, seguramente aguantaremos y continuaremos acarreando -y acrecentandoel problema.

En cada familia se darán episodios particulares dependiendo del tipo de relación que tengamos los progenitores

Las fases tercera, cuarta y quinta irán progresando simultáneamente con sus matices. En cada familia se darán episodios particulares dependiendo del tipo de relación que tengamos los progenitores: una parte culpa a la otra, hay agentes externos (tíos, abuelos, …) implicados, etc. Aquí estamos a punto de tirar la toalla por la pura desesperación de no saber qué hacer, pero aún aguantamos, y es que: ¿Qué otra cosa podemos hacer?, al fin y al cabo, no podemos desaparecer, somos padres y lo elegimos nosotros, es nuestra responsabilidad.

En la sexta y última etapa es cuando nuestra tolerancia se ve desbordada. La situación es insostenible y buscamos ayuda. Buscamos esa ayuda una vez hemos pedido consejo a familia, amigos y compañeros de trabajo, después de haber rebuscado por Internet y ahora que ya ha cundido la desesperación en la pareja (o en uno de sus integrantes, que suele ser lo más común).

 

«¿Es demasiado tarde?»


Nuestras estadísticas nos dicen que desde que pensamos pedir ayuda hasta que efectivamente la pedimos pasa una media de 2,8 años. ¿Es entonces ya demasiado tarde? ¿Hemos perdido en esos casi 3 años la oportunidad de reconducir la situación y ser una familia plena y feliz, o al menos mínimamente en paz?

Lo cierto es que siempre pensamos que es tarde, aunque no es así. Hay padres que acuden a nosotros en la tercera etapa, -uno de los momentos más tempranos como hemos visto- y ya piensan que es tarde. Pero, a decir verdad, lo más frecuente es encontrarnos con padres que buscan ayuda en la sexta, y la pregunta que se plantean es mucho más cruda: “¿Aún hay alguna solución?”.

La realidad nos muestra que siempre que vayamos a pedir ayuda pensaremos que ya es tarde

La realidad nos muestra que siempre que vayamos a pedir ayuda pensaremos que ya es tarde, y es que ese pensamiento no tiene nada que ver con la etapa en la que estemos, ni con la pareja que tengamos, ni con si estamos de acuerdo o no, ni con nuestro poder adquisitivo: Tiene que ver con nuestra tolerancia al sufrimiento y con nuestro nivel de exigencia como padres.

A mejor gestión del  sufrimiento y mayor exigencia como padres, antes buscamos soluciones y antes las encontramos. A peor gestión del sufrimiento y menor exigencia como padres más tarde buscamos ayuda, pudiendo incluso llegar a no pedirla.

De hecho, podemos establecer incluso la relación entre estos dos factores: A mejor gestión del  sufrimiento y mayor exigencia como padres, antes buscamos soluciones y antes las encontramos. A peor gestión del sufrimiento y menor exigencia como padres más tarde buscamos ayuda, pudiendo incluso llegar a no pedirla.

no existen los padres perfectos; todos hacemos lo que podemos y sabemos

Personalmente y como padre, creo firmemente que no existen los padres perfectos; todos hacemos lo que podemos y sabemos. Lo que es indiscutible es, que en este proceso de aprendizaje causa-error con nuestros hijos, los padres más efectivos son los que se preocupan de una manera más activa por solventar los problemas, ya que preocuparse -por definición- nos preocupamos todos.

 

Nunca es tarde


Con las fases definidas, los casos estudiados, las estadísticas presentes y total rotundidad, la afirmación es tajante: Nunca es tarde para recuperar la vida plena y feliz en familia. Las soluciones son más o menos complejas, más o menos extensas en el tiempo y requerirán de más o menos paciencia y esfuerzo dependiendo de la fase en la que se encuentre cada caso.

La solución pasa por nosotros, por los padres

Lo que como padres es muy importante entender es que la solución no depende tanto del problema en sí o de su hijo/a: La solución pasa por nosotros, por los padres, y por nuestra convicción de hacer todo lo que esté en nuestra mano por conseguir la solución. Por tanto, la buena noticia en todo esto es que la solución, al pasar por nosotros -los padres-, depende de nosotros y si nos aplicamos todo resultará viable. Somos nosotros los que tenemos las respuestas a ¿Hasta dónde? y a ¿Hasta cuándo? vamos a continuar soportando una situación que, lejos de mejorar, va cada vez a peor. La solución definitivamente está en nuestras manos. Con un poco de perspectiva nuestra percepción del problema cambiará por completo. Pasamos de considerar algo como imposible y fuera de nuestro rango de acción por considerarnos a nosotros mismos como la solución. ¿Por quién iba a pasar la solución si no? ¿Por ellos? ¿Por el niño o el adolescente? ¿Pondría a caso la solución de un problema de este calibre familiar en manos de un chico o de un adolescente?

Si por el contrario nos empecinamos en que el problema es nuestro hijo, y en que es él quien tiene que cambiar, nos esperan muchos más cabezazos contra el muro

Si por el contrario nos empecinamos en que el problema es nuestro hijo, y en que es él quien tiene que cambiar, nos esperan muchos más cabezazos contra el muro: Más situaciones tensas e insostenibles, más y mayores faltas de respeto y mayores probabilidades de fracaso emocional en la vida de nuestros hijos. ¡Buena suerte descubriendo el límite de nuestro nivel de tolerancia! Quién sabe, quizá todavía puedas aguantar un poco más.

El cambio es posible y está en nuestras manos.

El cambio es posible y está en nuestras manos.

PROGRAMA AULA-EMPRESA CASTILLA Y LEÓN CURSO 2017-2018

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¡No nos rendimos y seguimos apostando por la inteligencia emocional!!!! ¡Y CONSIGUEN GRANDES RESULTADOS!!!!

Hemos vuelto a obtener grandes resultados con los alumnos de Grado Medio y de FP Básica. El equipo de Acaricia2 queremos dar las gracias al centro CIFP Ciudad de León, por seguir incluyéndonos en sus proyectos, en los cuales nosotros ponemos a trabajar a los alumnos en sus sentimientos, reacciones, frustraciones… para que entiendan el por qué sienten esas emociones y como superar esos momentos de la mejor forma posible, y todo ello a través de la Inteligencia Emocional.

Una vez leí «SI NO CONOCES LO QUE ERES PODRIAN MENTIRTE SOBRE LO QUE VALES» y en estos proyectos ayudamos a los adolescentes a que se conozcan de verdad, y que sepan afrontar la vida con la mayor Inteligencia Emocional posible, que entiendan porque la gente hace juicios de valor de los demás y como deben enfrentarse a ellos.

Y todo esto les servirá a los alumnos tanto a nivel académico, laboral y por supuesto personal.

 

 

 

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LA MANERA INFALIBLE DE ENSEÑAR A LOS HIJOS,……. Y LO ESTÁS HACIENDO.

A estas alturas, hemos llegado a la conclusión que por más que lo repitamos y repitamos, nuestros hijos NO HACEN CASO.

Lo decimos con calma, luego lo repetimos varias veces, subimos el tono de voz e incluso gritamos. Llegado a un punto tras muchos intentos  ya gritamos directamente al validar que los primeros pasos son ineficaces.

Hemos intentado de todo: la paciencia, voz calmada, cambio de timbre, de mirada, tono, duración, recompensa, castigo,…, no será porque no lo hemos intentado. Incluso los más persistentes hemos investigado, leído, buscado en google, hecho cursos, talleres, comentado a sus tutores en las reuniones periódicas.

“La edad, las hormonas, las influencias, son así, ha salido al padre… o a la madre, es igual que tu padre, mi marido me dice que es normal, mi mujer que no me implico, es una etapa”…. que no termina.

Paremos un momento, vamos a tener calma y pensar. La mayoría de nosotros nos hemos dado cuenta o empezamos hacerlo que cada vez nos parecemos más a nuestros padres o madres. Nos escuchamos, nos vemos hacer lo que tanto nos molestaba de nuestros padres y nunca nos pidieron hacerlo.

Si no nos ha pasado esto, seguramente nos hayamos dado cuenta que a nuestros hermanos sí.

Y…… esto ¿por qué?

Hay algo que cala dentro, día tras día, tan intenso y constante que es infalible:

LA DEMOSTRACIÓN.

La educación consistente y perdurable se basa en la demostración. Por eso, nos parecemos a nuestros padres, la demostración diaria se introduce en el  inconsciente. Esta circunstancia se da sin resistencia del niño entre los 0 y 6 años de edad, a estas edades se “programan”.

Todo lo que hagamos, todo lo que demostremos, nuestros hábitos, contestaciones, expresiones se quedan impregnadas por las células espejo en el niño.

Por eso no vale de nada que le digas que recoja su habitación si tú no lo haces. Como mucho por miedo a un castigo, riña o que te sientas tu mal, lo harán, y eso en los primeros años de edad. En cuanto no este tú presencia, o pase a la etapa inevitable de autoafirmarse, dejará de hacerlo y creará un efecto rebote, más devastador en el hogar.

La educación no es enseñarles a que recojan los calcetines, es cómo les enseñas hacerlo, es cómo te diriges a ellos, cómo los tratas, cómo les haces sentir.

Así les preparamos para SER personas en la vida, que recojan los calcetines será consecuencia de este respeto en el trato.

En esta vida tan acelerada, con ansiedades, presiones por los resultados cortoplacistas, hemos perdido de vista en el camino y solo nos enfocamos en la meta.


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Pero la educación es el camino, las formas, el respeto, la escucha, EL AMOR. Llegar a la META no es sinónimo de logro. Puede haber LOGRO sin llegar a la META.

Por todo esto, la llegada de los hijos nos hace ser  mejores personas, porque tenemos que ser ejemplo, nos hacen crecer, conocer el amor adulto, el incondicional, la verdadera esencia de DAR sin pedir nada a cambio, a sentirnos orgullosos de ellos.

Es por ello que os animo a predicar con el ejemplo y veréis como de mayores se parecen a vosotros, ¿te suena?

 

Desde el equipo de Acaricia2 nos ponemos a vuestra disposición para que volváis a conectar con vosotros mismos, a encontrar ese espacio de calma y paz para tratar a vuestros hijos como sabéis en vuestro interior que hay que hacerlo, para poner el FOCO en el CAMINO y no en las metas,  y que con esa DEMOSTRACIÓN les facilitemos las herramientas para que se desenvuelvan en la vida.

Ya está probado que el día de mañana nuestros hijos trabajaran en profesiones que no existen actualmente; pero lo que es imperdurable es la Inteligencia Emocional para gestionar el CAMINO.

 

Estrategias de comunicación y difusión de Branding.

PubliDesde el equipo de Acaricia2 queremos agradecer al CIFP Ciudad de León la confianza depositada en nuestro trabajo, dándonos otro proyecto para trabajar con los alumnos después de los buenos resultados y confianza de las experiencias anteriores.

En este nuevo Proyecto que vamos a emprender contamos con 50 alumnos de especialidades diferentes de Formación Profesional.

Trabajaremos Técnicas de Comunicación, Influencia, Identidad Corporativa, Neuromarketing, Brandign y sobre todo MOTIVACIÓN.

Todo esto sin olvidar nuestra primera premisa: que descubran su POTENCIAL y canalicen su PASIÓN.

La metodología será sobre todo práctica, con dinámicas, coloquios y esperemos que alguna grata sorpresa.

¡Y todo con Inteligencia Emocional!!!!!!

 

 

 

Una Inteligencia Emocional a desarrollar.

Queremos dar las gracias al CIFP Ciudad de León por la confianza depositada el equipo de www.Acaricia2.com y esperamos seguir trabajando juntos por una buena gestión de la Inteligencia Emocional.

Es gratificante y esperanzador ver que entre todos vamos implantando la inteligencia emocional en el sistema educativo. El personal docente aprende a desarrollar las habilidades que la inteligencia emocional les brinda, las cuales sirven para ayudar a los alumnos a gestionar sus problemas y miedos. El CIFP Ciudad de León en un buen ejemplo de ello.Dia de Leon

Un paseo de la Inteligencia Emocional por el CIFP Ciudad de LEÓN

Los psicólogos de la Universidad de Yale, Peter Salovey y John Mayer, definieron las Inteligencia Emocional como la capacidad de sentir, entender, controlar y modificar estados anímicos propios y ajenos.

Llevar la Inteligencia Emocional a la educación es conseguir que los  profesores o educadores sean capaces  de regular sus propias emociones para poder dirigir a sus alumnos cualquiera que sea sus edades de la manera más eficiente y sana, y por ende dar ejemplo a las futuras generaciones.

Extrapolándola a los alumnos, sería la capacidad de ir conociéndose, de conocer sus emociones, sus reacciones ante las mismas e ir aprendiendo a gestionarlas.

Hace ya un par de años realicé un Taller de Inteligencia Emocional en el CIFP de León, en la Torre. Todo empezó como suelen empezar estas cosas interesantes y novedosas, que todavía ni están implantadas, y a las que la gente quiere darle una importancia mínima. Los cambios son complicados, a las personas nos cuesta salir de nuestra zona de confort, no nos encontramos preparadas para el cambio y mucho menos para realizar nosotros mismos cambios internos, existe menosprecio hacia ciertas disciplinas, a veces no admitimos que lo necesitemos, muchos piensan “no vaya a ser que me toque cambiar algo de mí,” “los demás sí, necesitan IE, mira aquel profesor, aquel alumno, este compañero….., yo estoy bien gracias”.

Mi periplo por este apasionante y sobre todo gratificante viaje comienza como casi toda en esta vida, a través de un amigo que conoce a otro amigo que dirige un centro de enseñanza, le cuenta a que me dedico y los resultados que estoy obteniendo, concertamos una cita y nos ponemos manos a la obra.

Al principio me encontré con un gran escepticismo entre los jefes de estudio, “los viernes por la tarde no van a venir los alumnos, hay problemas de asistencias y compromiso, etc…”, sin duda los retos de siempre que trato en los Talleres.

Al final una media de 95,55 % de asistencia. Salvo el primer día, los demás nos pasamos del tiempo concertado, y…. ¡¡eran los viernes!!

A día de hoy todavía tengo contacto con muchos de ellos, me piden consejos o me contratan para asuntos personales y laborales.

Pasado un tiempo ,el Director me volvió a llamar para impartir otro Taller de características similares, dada la buena acogida y sabor de boca que dejo el anterior, y de esto hacía más de un año!!.

Me pongo a la ardua y apasionante tarea: elaboro cronograma, horario, temario y volvemos con los mismos “problemas” del principio, los responsables me alertan de que “los alumnos no vienen, se apuntan y luego se van dejando, no hay compromiso…”.

Los datos finales nuevamente vienen a corroborar todo lo contrario, con la estadística en la mano del Taller finalizado: media de asistencia 97,2 %, todos los días excepto la primera sesión nos pasamos del horario, incluso un día estuvimos desde las 12:30 hasta las 18:30 con un descanso de 10 minutos, ante estos números, y resultados, es claro, ¡todo un Éxito!, para mi realidad.

La realidad de los chavales……, os comento, pasado unos meses desde entonces, tengo contacto con la mayoría y he tenido confesiones muy enriquecedoras:

OPINIONES ANTES DE TALLER:

  • Me apunté por apuntar, por que se apuntó mi mejor amigo.
  • Me sonaba interesante, me suelo apuntar a todo.
  • Algo conocía y quería profundizar más.
  • Quería conocer mejor la Inteligencia Emocional.

LO QUE OPINABAN DURANTE EL TALLER:

  • Esto le viene muy bien a los demás, pero conmigo no va.
  • Estuve a punto de dejarlo, pero al final siempre había algo en mi cabeza que me hacía ir.
  • Todas estas herramientas, datos y métodos, les vendría fenomenal a los profesores y padres.
  • Es muy interesante, y veo algún cambio en “otros”.
  • Probé métodos con mi novio y funcionó, iba para aprender más.
  • Me lo pasaba bien y me hacía pensar.
  • A veces me entraba la pereza, y más siendo viernes, pero siempre te tenía enganchado.

OPINIONES DESPUÉS DE UNOS MESES DEL TALLER:

  • Comprendo mejor a los demás, incluso a los profesores, me puedo poner en su papel.
  • Ahora pienso mejor las cosas y no me dejo llevar por las emociones tan fácilmente.
  • Entiendo el porqué de algunas de mis emociones.
  • Ahora sé por qué a mi manera no estudio bien.
  • Comprendo a mis padres mejor.
  • Debería ser obligatorio en los colegios.

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Una vez terminada esta experiencia, maravillosa para mí,  el Director del Centro me comenta que hay un grupo de alumnos en el Centro de San Cayetano que están siendo problemáticos y no saben cómo ayudarles, lo han probado todo…

Me ofrezco a ayudar con unas condiciones determinadas y claras: dar una charla, ofrecer mi ayuda, explicar cómo y qué puedo ayudarles, y si la respuesta es afirmativa, nos ponemos a ello.

La respuesta fue demoledora, TODOS salvo una alumna quiso participar, de aquí se puede sacar conclusiones. Bien es cierto que con el paso del tiempo al final realicé un Taller específico de Adolescentes en circunstancias especiales con el 50% de ellos, por problemas de horarios en gran medida y alguna expulsión minoritariamente.

No quiero alargarme mucho más y dejar paso a preguntas y respuestas que nos hemos hecho entre las dos partes para este artículo.

La esencia es, que son unos chicos fantásticos, que en la mayoría de los casos tienen carencias afectivas, familias desestructuradas, entornos tóxicos, circunstancias tan especiales que vienen las lágrimas al borde de los ojos cuando uno las conoce o bien cuando las recuerda. Qué sólo saber que van al centro, aunque no regularmente, es un éxito para ellos y una demostración de fuerza de voluntad de querer hacer algo, a pesar de sus vidas, que sin duda las calificaría de muy duras, algo les empuja a ser mejores, a no tirar la toalla, aunque evidentemente por el camino manifiesten en ocasiones hechos que parezcan revelar todo lo contrario.

Señalar que la implicación por ambas partes ha sido tal que al acabar el Taller coincidimos en la necesidad de alargarlo y una vez terminada la “prórroga”, acordamos realizar un grupo de estudio durante un mes y medio todas las tardes para intentar aprobar el curso.

Explíquenme si esto no es “motivación” y “compromiso”…, y si logramos que sus esfuerzos se recompensen con logros no va haber León para celebrarlo. El mayor aprendizaje para sus vidas que les puedo ofrecer.

La creación del grupo de estudio no fue fácil, tuve que hablar con cada uno de sus padres, tutores de guarda o de custodia o ambos. Con cada profesor para que nos dijera materia a estudiar o recomendaciones y mantenerles la motivación alta para que en el mes de mayo-junio fueran por las tardes a estudiar con este calor propio de la estación, fiestas de universidades de por medio, novios, novias, etc…, Tengo que decir que la inmensa mayoría de los consultados facilitaron las cosas, e incluso algunos profesores y padres se han involucrado.

Una de las estrategias para mantenerlos motivados fue llevarlos al gimnasio, los que pudieron que eso es otra historia para contar, después de cada sesión de estudio íbamos al GYM (gimnasio), mente in corpore sano. Doy las gracias desde este foro, a la dirección del Centro, que en algunas ocasiones se ven como personal no entregado fuera de la realidad del alumnado, puedo asegurar que, en el caso del CIFP de León, todo esto no hubiera sido posible, gracias al Director, Jefas de Estudio, profesores involucrados, departamento de orientación y todos aquellos que se han acercado en alguna ocasión, que no han sido pocas, a animarnos con lo que estábamos haciendo e interesarse por los chavales.

Quiero resaltar que la mayor parte del profesorado han experimentado y observado una mejoría en ellos, que tengo WhatsApp de novias, llamadas de tutores y padres, dónde agradecen la mejoría, comentan que están más serenos, receptivos, alegres y trabajadores.

En definitiva, ésta es la historia maravillosa de un centro normal con gente normal, que por un grupo de chavales “difíciles”, se han movilizado: el Centro, algunos profesores, Jefas de estudio, pido disculpas desde aquí por los dolores causados en este proceso sobre todo a la Jefa de estudio de San Cayetano, padres, tutores de centros de acogida, superiores suyos, alumnos del centro de la Torre, integrantes de primer Taller en CIFP, que no tenían nada que ver con estos chavales y han colaborado como si formaran parte de sus amigos de toda la vida, y mi labor de argamasa entre todos los implicados, calmando los nervios, bajando los humos, poniendo la importancia a lo verdaderamente importante, el SER, poniendo la única herramienta que funciona en estos procesos, el AMOR.

Dar las gracias a mi familia que entienden mi labor y durante este tiempo han arrimado el hombre en los quehaceres diarios que yo no llegaba. Y por supuesto a los protagonistas, a los chavales que han puesto toda la carne en el asador, a día de hoy no sé si habrá sido suficiente, pero el valor que han tenido de agarrar el toro por los cuernos, de intentarlo con todo en su contra, de querer sacar la cabeza del agua y merecer más oportunidades en la vida, bravo.

La Inteligencia Emocional vino a dar un paseo ocasional por CIFP Ciudad de León, y creo que vino para quedarse.

Preguntas y respuestas entre los chicos  y yo:

  • “¿Una vez terminado el Taller y grupo de estudio, que habéis sacado de provecho?

Nos hemos conocido mejor a nosotros mismos, podemos entender mejor a los demás, e intentar gestionar nuestra impulsividad, agresividad y aquellas emociones que nos producen problemas en esos momentos, bueno estamos en ello, jajaja…”

  • “¿Por qué te fijaste en nosotros, ampliaste el Taller y creaste el grupo de estudio?

Pienso que todos los chavales deben de tener las mismas oportunidades para ser felices en la vida, y si algunos, como vosotros, no lo habéis podido tener, hay que recuperar ese tiempo perdido con una dosis de amor y compromiso a mayores”.

  • “¿Notáis algún cambio en vuestra vida diaria?

Nos castigan menos, y nos riñen menos, que no es poco. Podemos entender la parte de los profesores, tutores o padres, aunque luego a lo mejor seguimos haciendo lo mismo, jajaja…”

  • “¿Por qué te dedicas a dar talleres a los adolescentes?

No era mi primera intención, aunque mi punto de mira siempre ha sido el mejor funcionamiento familiar como base de toda buena educación, al final la vida, y las circunstancias me han llevado a trabajar con chicos y sobre todo con chicos con problemas, parece que nos entendemos. Es verdad que tengo una anécdota personal en la que con el paso del tiempo he visto su importancia, y no me gustaría que le pasara a nadie.

Yo no era buen estudiante, lo dejaba todo para el final, no me aplicaba y luego venía los correspondiente sufrimientos, porque aunque los mayores crean que no sufrís, y pasáis de todo, se sufre muchísimo y como dice un anuncio, en silencio…

En un momento determinado decidí que no podía seguir así, que mi familia y yo no merecíamos ni echar broncas continuamente ni recibirlas, así que me puse a ello. Estudié como nunca, no quiero decir que mucho, ya que no tenía hábito, pero el esfuerzo sí que fue descomunal, luchando contra mi dispersión de pensamiento, hábitos en contra, inmadurez, etc…

Cuando llego el momento del resultado en un examen de literatura, me suspendieron. Recuerdo que saque casi un 5, recuerdo que protesté y que la profesora de turno admitió después de forzarla delante de toda la clase que lo volviera a mirar, que había partes donde no me había dado ninguna puntuación que no estaba tan mal, pero que la puntuación era la que era, que era evaluación continua y punto, y terminó con un “a ver si te tengo que aprobar cuando tú quieras ponerte”. En ese momento algo se rompió por dentro, una creencia se implementó en mí, para que vas a esforzarte si luego estas a expensas de “alguien” que no está interesado en ti como persona. Podéis imaginar que a mejor no fui.

Pero de esto saque una lección asombrosa, yo no era diferente a los demás, toda persona y por supuesto todo chaval en algún momento decide mejorar, decide que el sufrimiento tiene que pasar y en ese momento tiene que haber un adulto que lo valore, que le ayude, que le acompañe……, y ese es mi trabajo. Cambio finales predeterminados por los demás, cuando sólo ven su historial y no son capaces de ver tú AHORA. Cuando sólo ven una lucha de egos irreal entre la persona adulta y el adolescente, cuando la lucha real es la lucha por la supervivencia por parte de unos y la lucha por tener razón por parte de otros,  perdiendo la meta última que es la EDUCACIÓN del alumno.

  • “¿Qué pensáis de vosotros mismos?

Qué hacemos lo que podemos, no nos dedicamos como piensan y nos dicen constantemente  a fastidiar a los demás a propósito, a veces nos empujan a ello, es verdad que podríamos parar, y en eso estamos… A veces pensamos, nosotros somos los menores de edad, que nos lo repiten mucho, pues que sean ellos los que paren…”

  • “¿Cuándo esto termine, seguiremos en contacto?

Después de esta experiencia, os considero amigos míos y como cualquier amigo siempre estamos para lo que podamos, yo preguntaría lo mismo. En cuanto esto termine ¿no saldréis corriendo con lo pesado que he sido? Jajajaja.

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Manuel Alejandro Sánchez

Coach educacional

www.acaricia2.com

La utilidad de la frustración en los padres

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Cuando trato con padres sobre la educación con los hijos, nos encontramos normalmente en un punto de partida, no tanto el de los hijos, sino el de los propios padres, sobre todo padres responsables y con alto grado de responsabilidad: “me siento frustrado”.

Me siento frustrado

La frustración es una emoción natural y muy útil, nos da información de todo lo invertido: esfuerzo, energía, ilusión, tiempo, mucho tiempo…, en un objetivo que en ese momento está muy lejos. Esto nos lleva a sentir tristeza, enfado incluso rabia.

Gracias a este sentimiento, podemos lograr ser más efectivos, podemos tomar decisiones de cómo tratar todo lo invertido de otra manera, adoptar cambios o estrategias que nos lleven a conseguir o acercarnos más al objetivo. La frustración bien digerida es una brújula que nos permite acercarnos a nuestros objetivos.

La frustración bien digerida es una brújula que nos permite acercarnos a nuestros objetivos

Pero la gestión equivocada de la frustración implica sentir una intensidad de la emoción exagerada con la situación, sintiéndonos sobrepasados llenos de ira,  y con ello, no medir las consecuencias de nuestros actos, comportándonos de una manera irascible, desproporcionada y teniendo más tarde sensaciones de culpa y remordimiento una vez que la emoción de la frustración se disipa o baja de intensidad.

Todavía existe una consecuencia peor para los padres, los padres somos modelos de conducta para nuestros hijos, ejemplo de valores y de cómo nos comportamos en la vida.

Al final se da una paradoja, nuestro objetivo es la educación de los hijos, y al no gestionarla bien la frustración estamos enseñando a nuestros hijos justo lo que no queremos que aprendan.

Aprender a gestionar la frustración permite comportarnos con educación, tener unas relaciones sanas y ser modelo de conducta, y esto nos acerca a nuestro objetivo de educar a nuestros hijos.

La mejor herramienta para alcanzar el propósito de gestionar la frustración pasa por la Inteligencia Emocional.

Aprender a gestionar la frustración permite comportarnos con educación, tener unas relaciones sanas y ser modelo de conducta, y esto nos acerca a nuestro objetivo de educar a nuestros hijos

En conclusión, uno de los primeros pasos para educar a nuestros hijos no es tanto, lo que le queremos enseñarles literalmente como comer bien, estudiar, responsabilidad, etc.., si no la manera de hacerlo y sobre todo nuestras reacciones cuando no lo vemos cumplido. Porque no nos engañemos, la vida está llena de situaciones que no nos van a gustar, y la mayor de las herramientas que les podemos ofrecer a nuestros hijos es como abordarlas de una manera sana e equilibrada.

 

Manuel Alejandro

Coach Familiar.

 

Vacía Autoridad

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Éste texto que aquí copio, va a ser el primero de unos cuantos que he recibido. Texto de un adolescente que ha pasado por uno de los Talleres de Inteligencia Emocional que imparto en los Centros de Enseñanza, uno de tantos adolescentes que «no tienen talento alguno», «que no siguen las normas ni conductas», «que no se puede hacer nada con ellos», «que sólo piensan en ellos», juzguen ustedes mismos si hay talento, emoción, inteligencia y dedicación. No he tocado absolutamente nada. Desde aquí le envío un fuerte abrazo y sabe que l@ quiero, GRACIAS.

 

Era un día como otro cualquiera en su clase. Los mismos compañeros de siempre, los mismos profesores, la misma desilusión y las mismas preguntas sin respuesta. La jefa de estudios entró en el aula y, tras saludar fugazmente al profesor, comenzó a contar a la clase las “noticias” que les atañían: un “estúpido” concurso al que nadie se iba a presentar, una “patética” excursión a la que nadie tenía ganas de ir y la bronca de rigor de todos los meses: las quejas del profesor de Emprendedora, las quejas del profesor de Servicio, las quejas del tutor, etc. Claro, como se dejaba ver por allí muy de vez en cuando, se le acumulaba el trabajo.

En clase ya ni la miraban. Los ojos de los alumnos esquivaban el semblante condescendiente y el mensaje “insultante” de la jefa de estudios, que los reprendía con vacía autoridad. Las miradas se cruzaban o bien se escapaban por la ventana buscando algún lugar donde querer estar. Ninguna lo encontraba. Todas las pupilas acababan clavadas en la mesa, caídas, desiertas.

Todas salvo una. Esta vez la mirada de Judith no siguió ninguno de esos caminos, y es que su mente se mantenía ocupada y ajena a todo aquello. Estaba escuchando música por un auricular. Una historia cantada en una canción de Los Suaves, Ourense-Bosnia, la tenía atrapada como si de un cuento se tratase:

 

Su nombre era Isaac, sus cabellos largos y su vida aún muy corta. Veinte años sólo veinte. Lo arrancaron de su casa y el mal sueño, sin saber cómo, empezó. Toques de trompetas, banderas, redobles de tambores. Le afeitaron la cabeza, le dieron bombas y un fusil: «Vas en misión de paz».

En la tumba de su boca su lengua yace muerta. Le quitaron su vida, le “dieron” un trozo de latón y una calle con su nombre.

 

Judith reconoció en Isaac aquella sensación de estar lejos de casa jugando a la ruleta rusa con sus días, sin querer ni saber por qué. Una sensación que, con el paso de los años, había pasado a ser parte de ella misma. Su mundo se le había hecho una noche desde que su padre murió. Además, inexplicablemente la familia de su madre no quería saber nada de ella. Judith aún buscaba culpables cada noche, pero no encontraba ni un hombro donde llorar.

Se quitó finalmente su auricular, no era momento para darle más vueltas a aquello. Prestó atención a la jefa de estudios. Su discurso había cambiado ya de tono -aunque no de actitud- y ahora le estaba hablando a la clase sobre un taller de Inteligencia Emocional. El nombre llamó la atención de Judith y despertó su curiosidad mientras Isaac aún daba tumbos por su cabeza. No le gustó lo que escuchó sobre el taller, tampoco le disgustó: le interesó, que era más difícil que todo lo demás.

Pero enseguida una jarra fría de pseudorealismo la empapó: “¿De qué me va a servir a mí esto?”, “Menuda gilipollez, que un tío que no me conoce de nada me diga qué tengo que hacer con mi vida.”, “¿Las respuestas que no he encontrado en seis años me las van a dar él en seis semanas?”. Judith dejó su mirada olvidada en la pizarra mientras se ponía a recoger algunos recuerdos que se habían desparramado por su cabeza con el estruendo de esas frases.

Pasaron dos minutos, tres, cinco.

Tomó la decisión de ir a ese taller. Por los recuerdos en los que se sintió bien un día, porque no fuese por no intentarlo, por no dejar ni una opción sin probar, por los que ni siquiera tienen opciones.

Parpadeó y sus ojos volvieron a cobrar vida. Agarró su BIC y escribió en su mano un nombre. No era el de su padre ni mucho menos el de su madre, tampoco era el suyo. El nombre era “Isaac”.

Aplícate al Rock (&)

LAS RAZONES POR LAS QUE ESTAMOS EQUIVOCADOS, (PROFESORES Y PADRES), CON LOS ADOLESCENTES Y EL PORQUÉ HAY QUE COMPRENDERLOS, PARTE I:

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Hay muchos factores que desconocemos para entender a los adolescentes, pero voy a empezar por el más efectivo para cambiar nuestra percepción con ellos y el más obvio.

CAMBIOS FISIOLÓGICOS Y BIOLÓGICOS:

Pensamos que nuestros hijos o alumnos con quince, dieciséis o más años después de una vida viéndonos a nosotros, y repitiéndoles lo que deben de hacer, como deben de comportarse, reaccionar o incluso pensar, es tiempo necesario para que lo hayan aprendido, y si no lo hacen es porque simplemente no quieren.

Nada más lejos de la realidad, es fácil y sencillo, NO PUEDEN.

Si tuviéramos eso claro, y fuéramos poco a poco con ellos, respetando su ritmo de crecimiento tanto intelectual como emocional, nos evitaríamos muchas frustraciones, peleas, ansiedades y sobre todo y paradójico, ellos madurarían con más celeridad.

En la adolescencia hay un proceso de maduración cerebral, que empieza en el feto y continua hasta aproximadamente los 20 años. Es un proceso ordenado por el que las distintas áreas van alcanzando la madurez, siempre empieza por las áreas posteriores del cerebro y avanza hacia las anteriores.

En la etapa de la adolescencia el crecimiento físico y la maduración corporal son más evidentes y rápidos. Los órganos sexuales internos y externos se desarrollan hasta alcanzar la capacidad reproductiva propia. La conducta, las emociones, las relaciones sociales, la forma de pensar, también van a sufrir un cambio espectacular.

El cerebro adolescente sufre una reorganización. Mientras unas áreas aumentan de tamaño, otras se reducen. Lo que caracteriza a un adulto, es el pensamiento analítico, y por ello en la adolescencia estos circuitos se preparan.

En edades anteriores los circuitos estaban creados para cubrir las funciones más necesarias, interpretar las percepciones que tenemos por los sentidos, funciones psicomotrices, comunicación y lenguaje.

En la adolescencia se crean, modifican y consolidan los circuitos neuronales dependiendo de las características de las nuevas habilidades más complejas.

He aquí un punto importante, los adolescentes son adolescentes, no adultos, es decir, empiezan a crear una estructural neuronal-emocional para llegar a ser adultos, por consiguiente no podemos pedirles que sus decisiones, comportamientos y pensamientos sean de adultos y su “timing evolutivo” será proporcional a su desarrollo fisiológico y biológico, y creo que todos los adultos tenemos claro que evoluciones naturales de este calibre tienen su tiempo…

En esta fase la metodología de aprendizaje, es simple, universal y conocida por todos nosotros, incluso en la edad madura, ensayo y error.

Los circuitos neuronales los forman las dendritas y axones en forma de unión de comunicación (Sinapsis), cuanto más maduras y rápidas, más consolidadas estarán estos pensamientos-comportamientos. A partir de ahí se formaran unas estructuras más complejas que precisan de áreas cerebrales más extensas, más alejadas, que por ende deberán de conectarse entre sí. Estos complejos circuitos están en la corteza prefrontal y es la última parte que madura según el proceso natural.

Según, las conexiones neuronales, se realizan pensamientos y comportamientos o cuanto menos posibilidades de elementos de juicio, para tener en cuenta a la hora de actuar. Éstas se consolidan como he mencionado antes, en un proceso de ensayo y error, si acompañamos al adolescente en sus errores y le animamos a que siga su proceso, las conexiones se afianzaran al ser más utilizadas, acelerando de manera natural la deseada maduración del adolescente.

Por el contrario las habilidades que practiquen poco no afianzará su sinapsis correspondiente, incluso podría  “deshacerse”, con la correspondiente privacidad de habilidad de pensamiento y comportamiento.

Es por ello que todos los responsables de alguna manera de los adolescentes: padres, familia, profesores, etc…, debemos de ser muy consciente de esto, animándoles a tomar decisiones, entendiendo que la adolescencia es una etapa crucial para su maduración y que por todo lo que pasen ahora van a estar más preparados en su vida adulta, y que mejor que con nosotros los adultos para tratarles con confianza, compresión, paciencia y en definitiva AMOR para que esta etapa le sea beneficiosa en su desarrollo.

Cada vez que a su hijo, alumno le vaya a exigir un pensamiento-comportamiento de cierto grado de dificultad para su edad, piense…… a lo mejor fisiológicamente, biológicamente TODAVÍA no está preparado. Si esa experiencia la hace agradable o llevadera para él, le ayudará a afianzar su complejo sistema neuronal. Si por el contario convierte la experiencia en algo desagradable, le estará alejando de poder tener una estructura potente para su vida adulta.

Imaginemos a Juan un adolescente que quiere hacer bien las cosas pero continuamente se “equivoca” en sus elecciones y le reprenden por su falta de logros con lo esperado por los adultos.

“Juan te lo tengo dicho, así no lo vas a conseguir”, “cuantas veces te lo tengo que decir, así no vamos a ningún sitio”, “Juan has vuelto a suspender, no vas a llegar nada”. Juan lo intenta, todos los adolescentes en un momento dado lo han intentado y por supuesto quieren hacerlo, les encantaría que sus padres y profesores estuvieran contentos con él. ¿Entonces qué pasa?

Con estas actitudes hacia ellos, les hacemos las experiencias de aprendizajes desagradables, frustrantes y como es lógico tienden a evitar estas vivencias. Cada  vez que esto sucede les alejamos de elegir el aprendizaje de nuevos caminos, llevándoles inconscientemente hacia el camino más fácil de salida, la desobediencia, pasotismo e indisciplina.

¿Dónde consiguen ellos el reconocimiento personal trascendental para cualquier SER humano y más para la etapa adolescente donde se está formando la identidad?, con preguntas como: ¿Quién soy yo?, ¿Cómo soy? O ¿Qué quiero ser?

Con todos estos datos, es fácil imaginar que prefieren recurrir a sus círculos de amistades para obtener cierto reconocimiento sin dar valía a que parcelas corresponden o si esos reconocimientos son perjudiciales a medio-largo plazo. Y no tratemos de explicarles esto mismo, porque caemos otra vez en la equivocación de atribuirles habilidades que fisiológicamente y biológicamente no están preparados.

P.D.: Los padres y profesores hacemos las cosas lo mejor que sabemos, mi intención es dar un poco de luz con información y experiencia. Tengo la seguridad que cada uno de ustedes reflexionara sobre el asunto, si han llegado hasta aquí leyendo es que tienen verdadero interés. Con más elementos de juicio, mayores probabilidades para encontrar nuevos caminos.

 

Manuel Alejandro

Coach Familiar.

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