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Tú y tus hijos en cuarentena, ahora o nunca

hijos en cuarentena

De todas las circunstancias de la vida se puede aprender algo. De las buenas y, por supuesto, de las malas. De las cotidianas y, como es el caso, de las extraordinarias. La situación que vivimos está siendo inaudita tanto para nuestra generación como para -obviamente- la de nuestros vástagos. De cómo la gestionemos y de cómo nos comportemos con nuestros hijos en cuarentena dependerá el grado y el contenido del aprendizaje que ellos y ellas van a adquirir.

Podría parecernos que una circunstancia como la que estamos viviendo es altamente improbable que se les pueda volver a presentar en su vida y que, por tanto, lo que piensen, sientan y asimilen nuestros hijos en cuarentena, en esta cuarentena, no va a ningún lado.  Podríamos pensar eso, sí, pero nada más lejos de la realidad: De cómo gestionemos nosotros y nosotras –sus padres y madres– esta situación y de cómo nos comportemos, ellos y ellas tomarán nota para gestionar circunstancias asimilables en su vida, que tenerlas, si bien quizá no idénticas, las tendrán.

De cualquier modo, no es mi intención esta vez centrarme en reflexiones profundas y de medio-largo plazo, ya que las personas de hoy queremos soluciones ya, queremos cambios en el momento. Pues bien, aquí están: ¿Cuánto tiempo llevamos buscando una solución a ese malentendido o a esa mala actitud o costumbre tan recurrente? ¿Cuánto tiempo llevamos buscando un momento para pararnos a hablar algo con él o con ella? ¿Cuánto tiempo llevamos quejándonos de no poder atender a nuestros hijos?

«Tengo casos de adolescentes que están jugando a las cartas o a la videoconsola con sus padres: ¡Algo totalmente impensable hace unas semanas!»

La forma de vida de hoy en día, tan llena de prisas, de obligaciones, de responsabilidades externas y de ajetreo ha dado paso de forma brusca y forzosa a un parón en toda la extensión de la palabra. Tenemos la oportunidad de tender puentes (o repararlos) y estrechar lazos con nuestros hijos en cuarentena, en casa.

En todos los años que llevo ayudando a familias la falta de tiempo es un hándicap -a veces excusa- recurrente a la hora de buscar un momento en el que hablar con los hijos: “Trabajo todo el día.”, “Cuando llego a casa solo es para dar órdenes.”, “Soy el malo.”, “Están con mis padres o con mis suegros y los malcrían.”, “El trabajo, la casa, los hijos… no doy abasto.”, “Es imposible conciliar vida familiar con el trabajo.”, etc.

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Hijos en cuarentena, una ocasión única


Pues bien, estas circunstancias actuales tan especiales -la cuarentena-, donde todos estamos preocupados, enfadados, atentos de las noticias y del devenir de los acontecimientos nos han regalado una oportunidad de oro para estar con nuestros hijos, para verlos, comprenderlos, conectar con ellos y poder hacer cosas que jamás hubiéramos podido ni imaginar.

Niños pequeños que están en casa con sus padres, qué gran regalo para ellos. ¿Estaremos a la altura? Adolescentes encerrados en casa, lo nunca visto. ¿Estaremos a la altura? Lo que es claro y cierto es que estamos en casa, con ellos, la ocasión es inmejorable; ¿Qué vamos hacer con ella? 

hijos en cuarentena

Tengo casos de adolescentes con problemas de comunicación y convivencia con sus padres que, tras unos muy intensos primeros días, están mejorando notoriamente; casos de adolescentes con problemas de adicción a drogas blandas que, al estar confinados, se están rehabilitando; o casos de adolescentes que están jugando a las cartas o a la videoconsola con sus padres: ¡Algo totalmente impensable hace unas semanas!

Por el contrario, hay padres que no han visto con sus hijos en cuarentena esta oportunidad dorada de la que hablamos. Están -lógicamente- preocupados por lo que está sucediendo: familiares en riesgo, situación laboral, estabilidad económica, … es decir, el futuro y la incertidumbre que lo envuelve. Pero ¿acaso no son nuestros hijos parte de ese futuro hacia el que con tanta preocupación se tornan ahora nuestros ojos? ¿De qué sirve salir de esta circunstancia si no la aprovechamos o tenemos problemas con nuestros hijos? ¿Realmente tenemos alguna cosa más importante que hacer?

LAS RAZONES POR LAS QUE ESTAMOS EQUIVOCADOS, (PROFESORES Y PADRES), CON LOS ADOLESCENTES Y EL PORQUÉ HAY QUE COMPRENDERLOS, PARTE I:

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Hay muchos factores que desconocemos para entender a los adolescentes, pero voy a empezar por el más efectivo para cambiar nuestra percepción con ellos y el más obvio.

CAMBIOS FISIOLÓGICOS Y BIOLÓGICOS:

Pensamos que nuestros hijos o alumnos con quince, dieciséis o más años después de una vida viéndonos a nosotros, y repitiéndoles lo que deben de hacer, como deben de comportarse, reaccionar o incluso pensar, es tiempo necesario para que lo hayan aprendido, y si no lo hacen es porque simplemente no quieren.

Nada más lejos de la realidad, es fácil y sencillo, NO PUEDEN.

Si tuviéramos eso claro, y fuéramos poco a poco con ellos, respetando su ritmo de crecimiento tanto intelectual como emocional, nos evitaríamos muchas frustraciones, peleas, ansiedades y sobre todo y paradójico, ellos madurarían con más celeridad.

En la adolescencia hay un proceso de maduración cerebral, que empieza en el feto y continua hasta aproximadamente los 20 años. Es un proceso ordenado por el que las distintas áreas van alcanzando la madurez, siempre empieza por las áreas posteriores del cerebro y avanza hacia las anteriores.

En la etapa de la adolescencia el crecimiento físico y la maduración corporal son más evidentes y rápidos. Los órganos sexuales internos y externos se desarrollan hasta alcanzar la capacidad reproductiva propia. La conducta, las emociones, las relaciones sociales, la forma de pensar, también van a sufrir un cambio espectacular.

El cerebro adolescente sufre una reorganización. Mientras unas áreas aumentan de tamaño, otras se reducen. Lo que caracteriza a un adulto, es el pensamiento analítico, y por ello en la adolescencia estos circuitos se preparan.

En edades anteriores los circuitos estaban creados para cubrir las funciones más necesarias, interpretar las percepciones que tenemos por los sentidos, funciones psicomotrices, comunicación y lenguaje.

En la adolescencia se crean, modifican y consolidan los circuitos neuronales dependiendo de las características de las nuevas habilidades más complejas.

He aquí un punto importante, los adolescentes son adolescentes, no adultos, es decir, empiezan a crear una estructural neuronal-emocional para llegar a ser adultos, por consiguiente no podemos pedirles que sus decisiones, comportamientos y pensamientos sean de adultos y su “timing evolutivo” será proporcional a su desarrollo fisiológico y biológico, y creo que todos los adultos tenemos claro que evoluciones naturales de este calibre tienen su tiempo…

En esta fase la metodología de aprendizaje, es simple, universal y conocida por todos nosotros, incluso en la edad madura, ensayo y error.

Los circuitos neuronales los forman las dendritas y axones en forma de unión de comunicación (Sinapsis), cuanto más maduras y rápidas, más consolidadas estarán estos pensamientos-comportamientos. A partir de ahí se formaran unas estructuras más complejas que precisan de áreas cerebrales más extensas, más alejadas, que por ende deberán de conectarse entre sí. Estos complejos circuitos están en la corteza prefrontal y es la última parte que madura según el proceso natural.

Según, las conexiones neuronales, se realizan pensamientos y comportamientos o cuanto menos posibilidades de elementos de juicio, para tener en cuenta a la hora de actuar. Éstas se consolidan como he mencionado antes, en un proceso de ensayo y error, si acompañamos al adolescente en sus errores y le animamos a que siga su proceso, las conexiones se afianzaran al ser más utilizadas, acelerando de manera natural la deseada maduración del adolescente.

Por el contrario las habilidades que practiquen poco no afianzará su sinapsis correspondiente, incluso podría  “deshacerse”, con la correspondiente privacidad de habilidad de pensamiento y comportamiento.

Es por ello que todos los responsables de alguna manera de los adolescentes: padres, familia, profesores, etc…, debemos de ser muy consciente de esto, animándoles a tomar decisiones, entendiendo que la adolescencia es una etapa crucial para su maduración y que por todo lo que pasen ahora van a estar más preparados en su vida adulta, y que mejor que con nosotros los adultos para tratarles con confianza, compresión, paciencia y en definitiva AMOR para que esta etapa le sea beneficiosa en su desarrollo.

Cada vez que a su hijo, alumno le vaya a exigir un pensamiento-comportamiento de cierto grado de dificultad para su edad, piense…… a lo mejor fisiológicamente, biológicamente TODAVÍA no está preparado. Si esa experiencia la hace agradable o llevadera para él, le ayudará a afianzar su complejo sistema neuronal. Si por el contario convierte la experiencia en algo desagradable, le estará alejando de poder tener una estructura potente para su vida adulta.

Imaginemos a Juan un adolescente que quiere hacer bien las cosas pero continuamente se “equivoca” en sus elecciones y le reprenden por su falta de logros con lo esperado por los adultos.

“Juan te lo tengo dicho, así no lo vas a conseguir”, “cuantas veces te lo tengo que decir, así no vamos a ningún sitio”, “Juan has vuelto a suspender, no vas a llegar nada”. Juan lo intenta, todos los adolescentes en un momento dado lo han intentado y por supuesto quieren hacerlo, les encantaría que sus padres y profesores estuvieran contentos con él. ¿Entonces qué pasa?

Con estas actitudes hacia ellos, les hacemos las experiencias de aprendizajes desagradables, frustrantes y como es lógico tienden a evitar estas vivencias. Cada  vez que esto sucede les alejamos de elegir el aprendizaje de nuevos caminos, llevándoles inconscientemente hacia el camino más fácil de salida, la desobediencia, pasotismo e indisciplina.

¿Dónde consiguen ellos el reconocimiento personal trascendental para cualquier SER humano y más para la etapa adolescente donde se está formando la identidad?, con preguntas como: ¿Quién soy yo?, ¿Cómo soy? O ¿Qué quiero ser?

Con todos estos datos, es fácil imaginar que prefieren recurrir a sus círculos de amistades para obtener cierto reconocimiento sin dar valía a que parcelas corresponden o si esos reconocimientos son perjudiciales a medio-largo plazo. Y no tratemos de explicarles esto mismo, porque caemos otra vez en la equivocación de atribuirles habilidades que fisiológicamente y biológicamente no están preparados.

P.D.: Los padres y profesores hacemos las cosas lo mejor que sabemos, mi intención es dar un poco de luz con información y experiencia. Tengo la seguridad que cada uno de ustedes reflexionara sobre el asunto, si han llegado hasta aquí leyendo es que tienen verdadero interés. Con más elementos de juicio, mayores probabilidades para encontrar nuevos caminos.

 

Manuel Alejandro

Coach Familiar.

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